ETERNIDAD

¿Hay vida después de la muerte?

Todos sabemos que vamos a morir eventualmente. La pregunta es: ¿Qué pasará en ese momento? O, como la pregunta que hizo Job: “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?…” (Job 14.14). Un hombre que pasaba de ochenta años de edad, le dijo a un amigo mío que él estaba tan sólo esperando al dueño de la funeraria. Mi amigo le preguntó: “¿Pero sabe usted dónde estará para entonces?” “Sí”, respondió el hombre, “estaré unos dos metros bajo tierra, o en el crematorio”.

¿Estaba él en lo correcto? ¿Es eso todo lo que hay después de la muerte?

Los hombres siempre han tenido la esperanza de que haya vida después de la muerte. Hasta Robert Ingersoll, un notable agnóstico del siglo diecinueve, tuvo la esperanza de que la vida continúa después de la muerte. En el elogio que hizo junto al sepulcro de su hermano, esto fue lo que dijo:

… en la noche de la muerte, la esperanza mira una estrella y el amor que escucha puede oír el aleteo de un ala. El que duerme aquí, cuando moría, creyendo que la cercanía de la muerte era el regreso de la salud, esto fue lo que susurró como su último aliento: “Me siento mejor ahora”. Creamos, a pesar de las dudas, y los dogmas, y las lágrimas, y los temores, en que estas preciosas palabras son ciertas para todos los muertos de los cuales no hay cuenta.[1]

Ingersoll quería creer en los cielos. Todos queremos creer en la vida después de la muerte. Pero, ¿podemos? La Biblia responde a esa pregunta con un inconfundible sí. Pero con eso no se agota la enseñanza bíblica sobre el tema. ¿Qué otras cosas enseña la Biblia acerca de lo que sucede después de la muerte?

Para dar una respuesta a esa pregunta, tan sencilla como sea posible, vamos a contar la historia de José Pardo; de cuando vivía, de cuando murió, y de lo que le sucedió después de la muerte. Mientras hacemos esto, no obstante, debemos tener en mente que José Pardo representa a toda persona.

LA HISTORIA DE JOSÉ PARDO EN VIDA

El salmista hace esta pregunta: “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?…” (Salmos 8.4). En vida, ¿qué es José Pardo?

Él tiene, o es, un espíritu. Ésta es, de hecho, la cuestión más básica acerca de José Pardo, o de cualquier ser humano. Después de todo, él fue hecho a la imagen de Dios —y Dios es Espíritu (Juan 4.24). Por lo tanto, el hombre es más que un cuerpo; él es, sobre todo, un ser espiritual. Pablo habla del hombre como un ser que está compuesto, tanto por el “hombre interior”, como por el “hombre exterior” (2 Corintios 4.16; cf. Eclesiastés 12.7).

Él también tiene un cuerpo físico. Esto fue lo que Pablo escribió: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable…” (Romanos 12.1). Él distingue entre un “vosotros” y un “vuestros cuerpos”. La esencia de los cristianos que estaban en Roma no se encontraba en los cuerpos de ellos; “ellos tenían control de sus cuerpos, pero no eran lo mismo que sus cuerpos”. También tiene una personalidad. Estamos usando la palabra “personalidad” para referirnos a la totalidad de la conformación mental (en oposición a la física) de una persona: José Pardo es una de dos, o amigable o amargado, o bueno o rudo, o humilde o arrogante. Todas sus experiencias, hábitos, y rasgos de carácter, conforman lo que él es. Sin estas características, él no es él mismo.

José Pardo tiene la responsabilidad de servirle a Dios y a sus semejantes mientras viva. ¿Lo cumple? Sólo él, y Dios, lo saben con certeza.

JOSÉ PARDO EN EL MOMENTO DE MORIR

¿Qué le sucede a José Pardo en el momento de morir? La muerte es una separación. Santiago 2.26, dice: “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta”. Cuando el espíritu deja el cuerpo, de manera que el cuerpo y el espíritu se separan, ese es el momento en que la muerte ocurre. La muerte es comparada con el cambiarse las vestiduras de uno, con el deshacerse de la “morada terrestre” que es el tabernáculo en que vivimos, y con el ser “revestidos de aquella nuestra habitación celestial” (2 Corintios 5.1–2; cf. vv. 4, 8).

Si usted pierde una mano, usted sigue siendo usted. Aún si perdiera ambos brazos y las piernas, usted todavía es usted. Imagínese la muerte, entonces, no como el perder sus brazos y piernas, sino como el perder su cuerpo entero. Así como la persona que es “usted”, sigue siendo “usted”, cuando pierde una mano, así también la persona que es “usted”, sigue siendo “usted”, cuando pierde su cuerpo. Así también, cuando José Pardo muere, él se deshace de su cuerpo, pero él continúa existiendo.

JOSÉ PARDO EN EL HADES

¿Qué le sucede a José Pardo inmediatamente después de la muerte? En la historia del rico y de Lázaro, el rico “hacía cada día banquete con esplendidez”, mientras que el mendigo Lázaro la pasaba hambriento, enfermo y pobre. Esto es lo que dice Lucas 16.22–31:Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.

De lo anterior, podemos enterarnos, en primer lugar, de lo que una persona continúa siendo después de la muerte.

Todavía es un espíritu, Lázaro y el rico habían dejado sus cuerpos atrás, pero todavía existían en forma espiritual.

Después de la muerte, una persona tiene, o adquiere, un cuerpo espiritual. Pablo dice que cuando morimos, no seremos hallados desnudos, pues seremos revestidos de una habitación celestial (2 Corintios 5.2–4). Él habla de lo mismo cuando responde a las preguntas: “¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?” (1 Corintios 15.35). Esto es lo que afirma: “Se siembra cuerpo natural, resucitará cuerpo espiritual” (1 Corintios 15.44). ¿Por qué iremos a tener necesidad de cuerpos espirituales? Porque “la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios…” (1 Corintios 15.50). De la misma manera, los que estén vivos, cuando Cristo venga por segunda vez, serán todos “transformados” (1 Corintios 15.51) porque “es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmor- talidad” (1 Corintios 15.53). Por lo tanto, todos los que han muerto tendrán un cuerpo espiritual.

Una persona todavía tiene su antigua personalidad. El rico y Lázaro retuvieron sus personalidades. Después de la muerte, una persona no es un masa amorfa de nada, ni es un espíritu que vaga. Tiene memoria, conciencia, la capacidad de pensar, razonar, sentir, y la capacidad de ser torturado. No morimos siendo una persona y despertamos siendo otra. Después de la muerte, todavía seremos lo que somos y quienes somos hoy día.

De esta historia nos podemos enterar del lugar adonde una persona va después de la muerte. La historia no se refiere a un tiempo posterior al día del juicio, pues, la vida continuó siendo atrás, en la tierra; el rico tenía cinco hermanos quienes todavía estaban vivos. Pero no habrá nadie viviendo sobre la tierra después del juicio, pues la tierra será quemada cuando Cristo regrese (2 Pedro 3.10). ¿Qué es lo que aprendemos acerca del lugar adonde la gente va después de la muerte?

Algunos, como Lázaro, van a un lugar de descanso. Éste es llamado Paraíso, porque, según lo que Jesús le dijo al malhechor, ése es el lugar al cual él fue cuando murió (Lucas 23.43). Pero el Paraíso debe ser parte del Hades, pues, la Biblia también enseña que Jesús fue al Hades. Pedro dijo que David “viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción” (Hechos 2.31).

Otros, como el rico, van a un lugar de tormento. Del rico también se dijo que estaba en el Hades: “… y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos…” (Lucas 16.22–23).

¿Cómo podrían haber dos lugares, uno de tormento y otro de consolación, a la vez, en el Hades? El Hades es el lugar de los muertos, el lugar adonde todos los muertos van, tanto justos como injustos. Consiste de dos partes: un lugar de consolación y otro de tormento. Aparentemente, 2 Pedro 2.4, estaba refiriéndose al lugar de tormento del Hades, cuando usó la palabra, del griego, tartarus. Éste parece ser el lugar, en el cual los inicuos, de todas las edades, aguardan su condenación.

En el Hades, hay una gran sima entre los que están en el Paraíso y los que están en el Tártaro. El rico pidió que Lázaro fuera enviado a mojar “la punta de su dedo en agua”, para refrescar la lengua de él (Lucas 16.24). Esto fue lo que Abraham respondió, en parte: “… una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá” (Lucas 16.26). No hay puente para cruzar esa sima. Una vez que uno está siendo atormentado, el tal está allí para quedarse.

¿Hacia dónde va José Pardo inmediatamente después de la muerte? La respuesta es que esto depende de la forma como haya vivido, así como dependió de la forma como el rico y Lázaro habían vivido.

Nótese, sin embargo, que el relato de Lázaro prueba que el tener una vida cómoda en este mundo, no necesariamente garantiza una vida cómoda en el venidero. Usted puede estar prosperando hoy día, puede estar haciendo “cada día banquete con esplendidez”; y por haber descuidado su responsabilidad hacia Dios, puede encontrarse inmediatamente después de la muerte, al igual que el rico, ¡en un terrible tormento!

JOSÉ PARDO EN EL MOMENTO DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

Considere, en cuarto lugar, a José Pardo en el momento de la segunda venida de Cristo. ¡Cristo viene por segunda vez! Un ángel dijo, justo antes de su ascensión: “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1.11). Según el Nuevo Testamento, no hay nada que impida su venida en cualquier momento. ¿Qué es lo que sucederá cuando Cristo regrese? Cuando Cristo venga por segunda vez, José Pardo y todos los muertos serán resucitados. Esto fue lo que Jesús dijo: “… Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5.28–29). Los justos y los injustos serán levantados, y todos lo serán al mismo tiempo.

Cuando Cristo venga por segunda vez, los que estén vivos serán transformados: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,… a la final trompeta; … los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15.51–52). Después de la resurrección, José Pardo tendrá un cuerpo, pero será un tipo diferente de cuerpo. Será, entre otras cosas, un cuerpo incorruptible y espiritual (1 Corintios 15.42–44).

Cuando Cristo venga por segunda vez, el mundo será destruido.

Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas (2 Pedro 3.10).

¡Todo lo que hay en el mundo, el mundo mismo, el universo que contiene el mundo, y todas las cosas materiales, para las cuales la gente vive, serán quemadas cuando Cristo venga por segunda vez! ¿Qué clase de gente deberíamos ser entonces? (2 Pedro 3.11). ¡Ciertamente, no deberíamos ser la clase de gente que vive sus vidas para las cosas materiales!

JOSÉ PARDO EN EL MOMENTO DEL JUICIO

En quinto lugar, piense en José Pardo estando en el momento del juicio. Esta es otra cosa que sucederá cuando Cristo venga por segunda vez. En ese momento habrá un juicio:

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos (Mateo 25.31–32).

Son varias las preguntas que necesitan responderse, acerca del juicio:

¿Quiénes serán juzgados? ¡Todos! Esto fue lo que Juan dijo: “… y fueron juzgados cada uno según sus obras” (Apocalipsis 20.13; cf. Romanos 14.10–12). Nos guste o no, estemos listos o no, ¡todos seremos juzgados! Esa es una cita, a la cual todos acudiremos (Hebreos 9.27).

¿Quién será el juez? Dios “juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17.31).

¿Cuál será la base para el juicio? Todos seremos salvos o estaremos perdidos, dependiendo de si hemos sido lavados en la sangre de Cristo, o no (Apocalipsis 7.14). Además, el Nuevo Testamento habla de dos bases para el juicio. La primera, seremos juzgados por la palabra de Cristo. Esto fue lo que Jesús dijo: “… la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Juan 12.48). La segunda, seremos juzgados por nuestras obras. “… para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5.10; cf. Apocalipsis 20.12–13; Eclesiastés 12.14). ¿Cómo pueden estas dos bases ser reconciliadas? Seremos juzgados por la palabra de Cristo, conforme a nuestras obras, sea que hayamos obedecido, o desobedecido, con nuestras acciones, sus palabras.

¿Cuál entonces será el veredicto que se le pronunciará a José Pardo en el juicio? Ese veredicto, en realidad, lo está escribiendo el mismo José Pardo, cada día que él vive. Dado que José Pardo será juzgado por haber hecho, o no, la voluntad de Cristo, cada vez que obedece o desobedece al Señor, él determina si en el juicio será salvo, o estará perdido. Así sucede con su veredicto y el mío. Estamos ahora decidiendo si seremos declarados inocentes, o culpables, ese día, dependiendo de si estamos, o no, obedeciendo a Cristo en nuestra vida diaria.

JOSÉ PARDO EN LA ETERNIDAD

En sexto lugar, piense en José Pardo en la eternidad.

¿Qué posibilidades de eternidad existen para José Pardo? Esto es lo que Mateo 25.46, dice: “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”. Para José Pardo y el resto de nosotros, sólo existen dos posibilidades: castigo eterno, el infierno, o vida eterna, el cielo. Note que en Mateo 25.46 los dos son paralelos; debemos concluir que uno y otro son igual de reales y duraderos. Si existe un cielo y éste dura para toda la eternidad, entonces hay un infierno y éste dura para toda la eternidad.

¿Existe realmente un cielo? En 1969, el Sydney Morning Herald incluyó un artículo intitulado: “¿Existe un cielo?”. Citaba los resultados de una “rápida encuesta terrenal”, la cual daba los puntos de vista, acerca del cielo, de una cantidad de gente.

… Un humanista dijo: “rechazamos la idea de un cielo y un infierno. Este último lo consideramos un concepto diabólico”. … Un rabino dijo que el cielo no es más que una idea espiritual. Un escultor dijo que él era feliz al creer que algún día él navegaría hacia el olvido, pero que tenía la esperanza de estarse moviendo hacia algo definitivo.(…)Y el presidente del Centro de Investigaciones de Objetos Voladores no Identificados observó que el cielo y el infierno son creados por la imaginación del hombre, pero que el espacio podía tener un mundo mejor con una civilización más avanzada.

Independientemente de lo que piense la gente, la Biblia enseña que existe un cielo, y eso es lo que cuenta.

¿Existe realmente un infierno? Hay quienes objetan el punto de vista de que el infierno sea castigo eterno. Creen en que el infierno es asunto de un momento, que no dura eternamente. Según ellos, los que son malos, son simplemente aniquilados —dejan de existir. Pero la Biblia no enseña que los malos dejarán de existir. Mas bien, enseña qué sufrirán eternamente. Esto es lo que Apocalipsis 14.11, dice: “… y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos; y no tienen reposo de día ni de noche…”.

“Eso es demasiado cruel”, objeta alguien. “Los hombres no atormentan a otros hombres. Es obvio que Dios no atormentaría a los que le rechacen a él y a su palabra”. Piense nuevamente: ¿Por qué debería Dios no castigar a los inicuos? Han pecado en contra del buen Dios. Han desdeñado el sacrificio que se ofreció para beneficio de ellos. Han vivido vidas de rebelión. Han rechazado todas las oportunidades para ser salvos. Han cometido un pecado infinito, un pecado en contra de un Dios infinito, y por ello, merecen castigo infinito.

¿Cómo es el infierno? El Nuevo Testamento describe el infierno (entre otras cosas), como un lago de fuego (Apocalipsis 20.15), un horno de fuego y un lugar de lamento (Mateo 13.42), un lugar de tormento (Lucas 16.23), un lugar de tinieblas afuera (Mateo 8.12), un lugar en el que las personas claman por misericordia (Lucas 16.24), un lugar de castigo eterno (Mateo 25.46), un lugar preparado para el diablo y sus ángeles (Mateo 25.41), y un lugar donde uno es atormentado con fuego y azufre (Apocalipsis 21.8).

¿Dónde estará José Pardo durante la eternidad? Es obvio que en el cielo o en el infierno. El que se encuentre en el uno, o en el otro, es algo que depende de él. Si él recibe la salvación a través de la sangre de Cristo, al obedecer el evangelio de Cristo, y después pasa su vida buscando hacer la voluntad de Dios, puede estar seguro de que estará en el cielo eternamente. Pero si vive en pecado y para sí mismo, puede estar seguro de que estará perdido y de que estará en el infierno por toda la eternidad.

CONCLUSIÓN

Hay otra pregunta, la cual puede ser la más importante que jamás se le haya hecho: ¿Adónde pasará usted la eternidad? Sólo existen dos posibilidades: en el cielo o en el infierno. No existe una tercera alternativa. Más allá de ello, lo que podemos decir acerca de su destino, es lo que hemos dicho acerca del destino de José Pardo: depende de usted. Usted está, aquí y ahora, determinando cuál de los dos destinos será el suyo.

Si usted es salvo por la sangre de Cristo por medio de obedecer el evangelio, y luego pasa su vida buscando hacer la voluntad de él, usted puede estar seguro de que estará en el cielo eternamente. Pero si vive en pecado, puede estar seguro de estar perdido y de que estará en el infierno por la eternidad. ¡El que usted vaya al cielo o al infierno es algo que depende totalmente de su propia decisión!

Una noche, en un sueño, yo estaba viajando en carro por una solitaria carretera que atravesaba un bosque, en medio invierno. Llegué a una bifurcación del camino, tomé el camino de la izquierda, y continué. El camino se hizo cada vez más angosto, cada vez más accidentado, y eventualmente desapareció por completo. Soñé que se me dio vuelta y por fin, regresé a la bifurcación del camino. De repente, no sabía dónde estaba ni adónde me dirigía. Me sentí totalmente desolado. Fue un sentimiento terrible y una experiencia aterradora. Me despertó, y el recuerdo del sueño se quedó conmigo.

Muchas personas están tan preocupadas por el aquí, que no le dan campo a la idea del más allá. Piensan tanto en esta vida que no le dan campo a la idea de que haya vida después de esta vida. Se concentran tanto en el tiempo, que no le dan campo a la idea de la eternidad. ¡Realmente no saben dónde están ni adónde se dirigen en un sentido!

Si eso es cierto acerca de usted, piense con cuidado en las consecuencias eternas de lo que está haciendo hoy día. ¡Asegúrese de vivir de tal manera que usted sabe que va camino al cielo!

 

©Copyright 1999, 2002, por LA VERDAD PARA HOY Todos los derechos reservados

[1] Complete Lectures of R.G. Ingersoll (Discursos completos de R.G. Ingersoll) (Chicago: J. Regan & Co., n.d.), 60.

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