PECADO,  SALVACIÓN

¿Qué es el Pecado?

el pecado

Todo pecado viene del perverso deseo de ponerse a sí mismo en el lugar de Dios—ser el centro y la medida de todas las cosas y “conocer” por sí mismo lo que es bueno y lo que es malo.

Tito 3:3-7 Nueva Traducción Viviente (NTV)

En otro tiempo nosotros también éramos necios y desobedientes. Fuimos engañados y nos convertimos en esclavos de toda clase de pasiones y placeres. Nuestra vida estaba llena de maldad y envidia, y nos odiábamos unos a otros.Sin embargo, Cuando Dios nuestro Salvador dio a conocer su bondad y amor,él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia. Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo.Él derramó su Espíritu sobre nosotros en abundancia por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Por su gracia él nos declaró justos y nos dio la seguridad de que vamos a heredar la vida eterna.

De acuerdo a este texto, los hombres en su estado natural son “necios y desobedientes, esclavos de pasiones y placeres.” sus vidas están caracterizadas por “malicia, envidia y odio”. Lejos de reconocer esta condición, los hombres perdidos se imaginan ser “básicamente buenos”, a menos que Dios en su misericordia les revele la verdadera condición de sus corazones ennegrecidos. El pecado es el supremo y único problema de la humanidad. Es mi supremo y único problema y es tu supremo y único problema.

UNA VISIÓN BÍBLICA DEL PECADO

La Biblia tiene mucho que decir sobre el pecado. Si vamos a entender correctamente la verdadera naturaleza del pecado, debemos dejar que la luz de esta revelación Bíblica ilumine nuestras mentes entenebrecidas, y ablande nuestros corazones insensibles. ¡Piensa en esto! de acuerdo a la Biblia, el pecado es:

A. Absolutamente Universal

El pecado es absolutamente universal en la raza humana. “Todos nosotros nos hemos extraviado como ovejas; hemos dejado los caminos de Dios para seguir los nuestros.” Isaías 53:6. Romanos 3:10-12 “«No hay ni un solo justo, ni siquiera uno.  Nadie es realmente sabio, nadie busca a Dios. Todos se desviaron, todos se volvieron inútiles. No hay ni uno que haga lo bueno, ni uno solo»” Tú y yo tal vez no nos hemos conocido, pero podemos estar seguros de una cosa, que aún antes de ser presentados— ambos somos pecadores. cada hombre, mujer, en la faz de la tierra, no importa cuan viejo o joven sea, es un pecador. Aun los niños pequeños, si se les permite hacer lo que quieren, son capaces de las más terribles crueldades a animales y también hacia otros.

Raza y nacionalidad igualmente no ofrecen inmunidad al pecado; las naciones más cultas son tan capaces del genocidio como las naciones más primitivas. las cámaras de gas de los “civilizados” son meramente formas sofisticadas de los machetes blandidos por los “incivilizados”.

B. Domina cada aspecto del hombre

Afecta todo aspecto de la personalidad y de la existencia humana:

La mente es cegada. “el dios de este mundo, ha cegado la mente de los que no creen. Son incapaces de ver la gloriosa luz de la Buena Noticia” 2 Corintios 4:4

La voluntad es corrupta e incapacitada.  “El Señor vio la magnitud de la maldad humana en la tierra y que todo lo que la gente pensaba o imaginaba era siempre y totalmente malo.” Génesis 6:5.  “Sin embargo, ustedes se niegan a venir a mí para recibir esa vida.” Juan 5:40

Las emociones son trastornadas y pervertidas. Algunos corazones arden con odio y enojo constantemente; otros están atormentados día y noche por miedos sin sentido. Las multitudes se ríen de cosas que debieran hacerles llorar, mientras otros se echan a llorar sin ninguna razón aparente. Tales son los profundos y penetrantes trastornos de la personalidad humana causados, directa o indirectamente por el pecado.

C. Es Irracional

El pecado es irracional. Muchas inapreciables primogenituras han sido permutadas por un plato de sopa; muchos matrimonios y familias han sido arruinados por una noche de placer ilícito. Por el gozo temporal de usar drogas ilegales, las capacidades más elevadas del cerebro son destruidas rutinaria y permanentemente. Un momento de reflexión sobre los pecados de nuestro pasado es suficiente para confirmar que ninguno de ellos tiene sentido. Tal fue la insensatez de las acciones del hijo pródigo que su arrepentimiento involucró nada menos que “entró (entrar) en razón” Lucas 15:17.  No hay ningún pecado sabio.

D: Es Endurecedor

Una de las cosas más temibles del pecado es su poder de endurecer al que lo practica. (Hebreos 3:13). Cuanto más profundo cae en el pecado, menos le molesta. De acuerdo a la Biblia, “tienen muerta la conciencia” 1 Timoteo 4:2

Todo pecador se encuentra cometiendo pecados que antes solía despreciar profundamente, y los pecados que ahora desprecia, se encontrará algún día cometiéndolos. Nos debe horrorizar el recordar que Adolfo Hitler era una vez un niñito que jugaba con juguetes igual que otros niños. El hombre conoce el principio del pecado, pero nadie ha conocido el fin del pecado.

E. Es Esclavizante

El pecado esclaviza a los que lo practican.  “todo el que comete pecado es esclavo del pecado.” Juan 8:34.  Nadie puede librarse a sí mismo o escapar de la esclavitud del pecado. El pecado “reina” sobre el pecador y cabalga sobre su espalda como un tirano, hasta que finalmente lo lleva a la destrucción y muerte (Romanos 5:21). Si tú no eres cristiano, tendrás una cadena alrededor del cuello que es mucho peor que cualquier cadena física. Puedes dejar de hacer un pecado, pero otro pecado inmediatamente tomará su lugar, a menudo el pecado del orgullo o auto justificación, de imaginarte que tú mismo has hecho una gran cosa en reformarte. El pecado es esclavizante.

F. Es Degradante

El pecado hunde al más noble y elevado de los hombres y a las mujeres a la profundidad de la vergüenza y degradación. Los hombres y las mujeres, hechos a la imagen de Dios, creados para soñar sueños inmortales y pensar profundamente en la eternidad, son reducidos por el pecado arrastrándose en la mugre como puercos por un pedazo de pan.

G. Es Contaminante

Finalmente, el pecado contamina. (Romanos 5:21). El pecado no es una «insignificancia;» el pecado no es “lindo”, no es gracioso. El pecado es sumamente malvado y perverso; es “extremadamente pecaminoso.” (Romanos 7:13). Todo pecado es retorcido, feo y malo. Deberíamos estar horrorizados por cuan perversos son los hombres, y cuan insensibles nos hemos hecho a tal perversidad. ¡nos hemos acostumbrado a eso! el primer bebé que nació, llegó a matar a su propio hermano Génesis 4:8. Y la historia humana desde ese entonces ha sido una larga secuencia de guerras, concupiscencia, odio, tortura, violación, perversión, abuso, y brutalidad. Es una bendición no saber los detalles de los pecados cometidos anoche en nuestro pueblo o ciudad. Tal conocimiento sería tan repulsivo y contaminante que no lo soportaríamos.

Sin embargo, debemos enfrentar el hecho que el mundo no es como es por culpa de unas cuantas personas malas tales como Hitler; ¡el mundo es como es porque está formado de multitudes de personas tan malas como nosotros!. Hay una profunda maldad en cada uno de nosotros. Algunas veces Dios usa algo que parece “pequeño” para mostrarnos nuestra maldad.

LOS DOS LADOS DEL PROBLEMA DEL PECADO DEL HOMBRE

El pecado es el supremo problema de la humanidad. Pero este “problema del pecado” tiene dos aspectos distintos uno interno y el otro externo.

El Problema Interno. Un Corazón Malo

De acuerdo al Señor Jesucristo, el hombre es en sí mismo corrupto y malo,  «Es lo que sale de su interior lo que los contamina. Pues de adentro, del corazón de la persona, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, el robo, el asesinato, el adulterio, la avaricia, la perversidad, el engaño, los deseos sensuales, la envidia, la calumnia, el orgullo y la necedad. Todas esas vilezas provienen de adentro; esas son las que los contaminan». Marcos 7: 20-23

Esta es la condición del corazón humano sin Cristo. Si una película de nuestros pensamientos pasados, sin mencionar nuestras acciones pasadas, fuera mostrada en una pantalla grande en frente de nuestra familia y conocidos, cada uno de nosotros correríamos del cuarto llenos de vergüenza. Cada no creyente es, en su persona, lo más repulsivo a un Dios Santo de lo que pueda llegar a imaginarse.

Pero el problema con el pecado es aún más profundo que esto. Supongamos que por algún milagro, el pecador se pudiera convertir en una persona nueva y nunca más pecara. Ciertamente esa persona todavía iría al infierno. El asesino común que sinceramente decide nunca más volver a matar, debe todavía pagar por sus crímenes pasados. En otras palabras, el problema del pecado tiene otra dimensión aparte de la interna. El hombre no solo tiene un corazón malo; él tiene malos antecedentes a los ojos de la ley de Dios.

El Problema Externo–Malos Antecedentes

Todo pecador es un fugitivo de la justicia. A pesar de la condición presente de su corazón, él tiene una culpa objetiva, fuera de sí mismo, a los ojos de la ley de Dios. Tal vez no tenga “sentimientos de culpa”, pero sin embargo, se considera “culpable” o “condenado”. Todos sus crímenes pasados piden a gritos que su castigo sea pagado y la justicia sea satisfecha. Estos gritos están anclados en el propio carácter y ser de Dios, en su atributo de justicia o equidad.

Es por causa del sentido de equidad o justicia que Dios ha escrito en lo profundo del corazón humano, que sentimos tanta indignación cuando el perpetrador de un crimen no recibe castigo apropiado. ¿Por qué está mal que el violador-asesino solo reciba una multa de diez dólares? No podemos probar que merece más, aunque sabemos que deber ser así. Este conocimiento es ineludible dentro de nosotros, es algo fundamental y cierto más que cualquier “prueba” teórica. es algo absolutamente básico a la constitución del ser humano, un reflejo de la misma naturaleza de Dios.

Mucho podría decirse del atributo de la justicia de Dios, especialmente en este día cuando el propio concepto de justicia parece estar casi perdido en la sociedad en general. Hay tres razones por las cuales un crimen debe ser castigado:

  • Primero, para satisfacer la justicia (esto es porque los crímenes merecen y deben de ser castigados);
  • Segundo, para el bien de la sociedad (esto es, para la prevención de un crimen peor);
  • Tercero, para el bien del ofensor (esto es para darle ocasión de enmendar su camino).

De estas tres razones, la primera, es decir, la satisfacción de la justicia es primordial y fundamental a las otras dos. Si el castigo de un crimen no es justo y merecido, no va a disuadir crímenes futuros ni va a reformar a los ofensores.

En nuestro día, la razón primordial y fundamental para el castigo- la satisfacción de la justicia- ha sido casi completamente suprimida y negada. Sólo la segunda y tercera razón permanecen, y éstas han sido invertidas en importancia. La “reforma” del ofensor es ahora lo primario, y las prisiones ya no se llaman prisiones sino “instituciones correccionales”. Aun aquellos que todavía creen que el crimen debe ser castigado por el bien de la sociedad, mantienen que los asesinos deben ser sentenciados no porque han asesinado, sino para prevenir asesinatos futuros. Tal filosofía es perversa y falsa, y está basada en la mentira que el hombre no es responsable por sus acciones.

No es difícil comprender como esta situación tan lamentable ha llegado a ser. Debido a que los hombres quieren ser Dios ellos mismos (Génesis 3:4-5), odian la idea de que hay un soberano legislador a quien deben rendir cuentas. Buscan suprimir el conocimiento ineludible de Dios que está alrededor y en ellos, (Romanos 1:18) y en vez de ello dicen que no hay Dios (Salmo 10:4; 14:1; 53:13). Esta negación de la existencia de Dios les hace más fácil pretender que no hay tal cosa como el bien y el mal. En vez de ser pecadores culpables, los hombres y las mujeres son vistos como víctimas impotentes de sus circunstancias. En tal escenario, el castigo para satisfacer la justicia se hace inconcebible. El hombre tiene la libertad de hacer lo que le plazca y no responderle a nadie.

Pero no importa cuánto los hombres tratan de reprimirlo, hay todavía un conocimiento indeleble en el corazón humano que dice que el bien y el mal son reales, (Romanos 2:14-16) que los hombres son responsables por sus malas acciones, y que el pecado merece ser castigado (Romanos 1:32). En lo profundo, todos los hombres saben que las balanzas de la justicia deben ser al fin balanceadas (Hechos 28:4). Si no eres un creyente y estás leyendo estas líneas, las balanzas de la justicia están muy desequilibradas en tu vida ahora mismo, y puedes estar seguro- basado en el propio ser y carácter justo de Dios, que Él no descansará o cederá hasta que tú estés en el infierno. El entero tejido moral del universo se desplomaría si Él no te pusiera a ti en el infierno.

Es en este contexto que la Biblia habla de la “ira de Dios.” la ira de Dios no es una pérdida temporaria de auto control o un ataque emocional egoísta. Es su santo y candente odio al pecado, la reacción y repulsión de su santa naturaleza contra todo lo que es vil. La ira de Dios está atada directamente a su justicia. Tiene que ver con su determinación de castigar cada pecado, balancear las escalas de la justicia, y hacer bien del mal. Por eso es que la ira de Dios “permanece” sobre cada inconverso (Juan 3:36). Cuánto más los hombres persisten en pecar, más “vas acumulando un castigo terrible para ti mismo.” Romanos 2:5. La ira de Dios será finalmente “vertida”; Él es un juez justo y no permitirá que el pecado continúe sin castigo para siempre.

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