SALVACIÓN

¿Puede un hombre ser justo ante Dios?

Aquí es donde topamos con el más grande e imaginable obstáculo a la salvación del ser humano: ¿Cómo puede un Juez que es absolutamente justo y recto justificar (declarar justo) a un criminal que es absolutamente culpable y condenado? ¿cómo puede un ser humano escapar de la condenación del infierno? Dios mismo nos dice que “el que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación a Jehová.” (Proverbios 17:15)

Supongamos que un padre vuelve a su hogar y encuentra a su familia asesinada después de una agonizante persecución, él consigue aprehender al asesino. Cuando el criminal finalmente comparece ante el juez, se lo encuentra incuestionablemente culpable del crimen. Pero, cuando llega el momento de darle la sentencia, el juez hace la siguiente declaración: “este hombre ha cometido un crimen terrible, pero yo soy un juez muy caritativo y elijo declararlo inocente. ¡yo declaro que él es justo a los ojos de la ley! ¡Tal juez sería justamente considerado un criminal tan grande como el ofensor! el ha “justificado al impío” y es “una abominación al Señor.”

Pero si esto es verdad aun en la justicia humana, ¿Cuánto más es verdad de la justicia de Dios? ¿Cómo pueden los hijos de Adán, malos y culpables, tener esperanza de poder enfrentar a Dios, el justo Juez del universo? ¿Cómo puede Dios “justificar a los impíos” sin ser una abominación a sí mismo? “el que dijere al malo: Justo eres, los pueblos lo maldecirán, y le detestarán las naciones.” (Proverbios 24:24) ¿Cómo puede Dios decirnos a nosotros pecadores, “Tú eres justo”, sin violar su propio carácter? ¿Cómo puede Dios salvarnos de Sí mismo y de su propia justicia y juicio?

Este dilema ha provocado una indecible miseria en cada alma sensible a la culpa. Fue un terrible problema para el patriarca Job “¿Y cómo se justificará el hombre con Dios? Si quisiere contender con él, no le podrá responder a una cosa entre mil” (Job 9:2-3) “¿Qué cosa es el hombre para que sea limpio, y para que se justifique el nacido de mujer? He aquí, en sus santos no confía, y aun los cielos son limpios delante de sus ojos; ¿cuánto menos el hombre abominable y vil, que bebe la iniquidad como agua?” (Job 15:14-16) “¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios? ¿y cómo será limpio el que nace de mujer? He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente, ni las estrellas son limpias delante de sus ojos; ¿cuánto menos el hombre, que es un gusano, y el hijo de hombre, también gusano?” (Job 25:4-6)

Nadie percibe el peso de este dilema más que el pecador arrepentido. Él sabe que merece ir al infierno. En la esfera del gobierno humano, los criminales a menudo se han entregado a las autoridades para que se haga justicia, ¡en vez de vivir con ese insoportable sentido de culpa! Los pecadores arrepentidos saben que merecen ser castigados y que no sería justo de no ser así. Ellos saben que Dios no puede “barrer sus pecados debajo de la alfombra” y olvidarse de ellos. El clamor de su corazón es: ¿Cómo puede un Dios justo sonreírme? ¿Cómo puede el peso de esta culpa ser removido? ¿Cómo puede Dios bendecirme? ¡Cómo puede un hombre como yo ser justo ante Dios!

IMPUTACIÓN

Hay una sola respuesta a este dilema. Alguien tiene que pagar por los pecados de los pecadores. La justicia debe ser satisfecha. Será satisfecha por el sufrimiento del pecador para siempre en el infierno, o debe ser satisfecha por alguien más en su nombre.

¡Maravilla de maravillas! ¡Ese “Alguien” ha venido! El Señor Jesucristo “… llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24).

“ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores;” “… él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:4-5)

¿Cómo ocurre esa gran transacción? Para comprenderlo, debemos considerar la palabra “imputar”. Esa palabra se traduce de varias formas como “culpa” “inculpar” “tomar en cuenta” “considerar”, “atribuir”. Podemos entender esta palabra un poco mejor, si miramos al pasaje de la carta de Pablo a Filemón acerca de la devolución de su esclavo Onésimo: “así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo. Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta.” (Filemón 17-18) Aquí Pablo instruye a Filemón a “ponerlo a su cuenta” (lit. “imputar”) cualquier deuda que Onésimo pudiera tener con Filemón. ¡Esta no era realmente la deuda de Pablo, pero Pablo por propia voluntad la tomó como su deuda, y fue cargada a su cuenta!

Ahora, esta misma palabra y esas otras asociadas con ella son usadas con respecto al pecado. Por ejemplo, la Biblia dice que “donde no hay ley, no se inculpa de pecado.” (“el pecado no se imputa, no se carga a nuestra cuenta) (Romanos 5:13). De nuevo, en Romanos 4 Pablo dice, “Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye (“imputa”) justicia sin obras diciendo: «Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.”, (imputa) (Romanos 4:5-8).

¡Qué gloriosa transacción! ¡Nuestros pecados no nos son imputados, porque han sido imputados a Cristo, y aceptándolos como si fueran su propia deuda, Él los ha pagado por completo!

Vemos la misma realidad en el concepto del Antiguo Testamento de “llevar sobre sí el pecado.” En el gran día de expiación, dos machos cabríos eran sacrificados—uno derramaba su sangre para expiar por los pecados (Levítico 16:16) , y el otro (el vivo) macho cabrío, llevaba los pecados a un lugar solitario (Levítico 16:22) : “Aarón ofrecerá el macho cabrío sobre el cual haya caído la suerte para el Señor, haciéndolo ofrenda por el pecado. Pero el macho cabrío sobre el cual cayó la suerte para el macho cabrío expiatorio, será presentado vivo delante del Señor para hacer expiación sobre él, para enviarlo como macho cabrío expiatorio al desierto. (Levítico 16:9-10) ”. Aquí Dios usa dos machos cabríos para enseñarnos una sola verdad acerca de la obra de expiación del Señor Jesucristo. Por un lado, Él muere por nuestros pecados, y por otro, como resultado de esa muerte, Él eficazmente lleva nuestros pecados fuera de la presencia de Dios.

¡Noten la gloriosa realidad de imputación presentada aquí! “y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto.” (Levítico 16:21-22). La pregunta que tenemos que hacernos es esta: “¿He puesto la mano de fe sobre el Señor Jesucristo y le he dado mis pecados para que se los lleve a un lugar solitario?”

¡Un sustituto ha muerto en nuestro lugar! “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre El la iniquidad de todos nosotros.” (Isaías 53:6) Así es como un justo Dios puede justificar en su tribunal celestial a quienes fueron criminales toda su vida. Él abre nuestro libro de contabilidad, y ve que nuestra deuda ha sido imputada a su amado hijo. Además, él ve que la deuda ha sido pagada por completa por Él. ¡Aleluya! ¡Dios, en su gran amor, (Juan 3:16; 1 Juan 4:9-10) ha abierto un camino para salvarnos de sí mismo y de su propia justicia! El ha hecho eso dando a su único Hijo para morir en nuestro lugar.

EL CORAZÓN DEL EVANGELIO

Estas verdades son el mismo corazón del evangelio. Están expuestas por el apóstol Pablo en Romanos 3:21-26, un pasaje algo complejo, que es aclarado una vez que comprendemos el significado de imputación en el pasaje que vimos antes:

“ Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, atestiguada por la ley y los profetas; es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen; porque no hay distinción; por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.”

Aquí Pablo declara que Cristo murió para pagar la deuda de nuestro pecado para que Dios pudiera “justificar” a los pecadores y al mismo tiempo permanecer “justo”. A través del Antiguo Testamento los pecados eran meramente “pasados por alto”, el pago de su culpa iba siendo acumulado (o preservado) año a año, hasta que el Cordero viniera, para que a través de su muerte pudiera expiarlos. (Hebreos 9:15 34). Durante todo ese tiempo, parecía que Dios era injusto porque justificaba a hombres (como Abraham y David) sin que la justicia fuera verdaderamente satisfecha. Por consiguiente, era necesario que Cristo muriera “públicamente”, demostrando la justicia de Dios para que todos lo vieran, satisfaciendo completamente la deuda de los pecados en la cruz. Su muerte en la cruz vindicó y demostró la justicia absoluta de Dios al justificar a su pueblo. Como una “propiciación” (un sacrificio que remueve la ira) por nuestros pecados, Cristo remueve la ira del juicio de Dios que está sobre nosotros. Somos «justificados por un don» (la justificación es absolutamente gratuita para nosotros), “a través de la redención que es en Cristo Jesús” (la justificación es muy costosa para Dios) somos justificados al recibir el “don de justicia” (Romanos 5:17) “es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo”

¿Estás todavía llevando la carga de tu pecado y tu culpa? ¿Estás todavía bajo la ira de Dios? …..“he ahí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” (Juan 1:29)  “Hay una fuente abierta para lavar el pecado y la impureza.” (Zacarías 13:1) “La sangre de Jesús su Hijo nos limpia de todo pecado.” (1 Juan 1:7) ¡no importa cuán grande sean tus pecados, no son nada comparados con el valor infinito de la sangre de Cristo! (1 Pedro 1:18-19; Hechos 20:28).

¿Crees que Jesucristo fue capaz de morir por ti? ¿Piensas que lo justo es que cada uno de nosotros muera por el propio de pecado?

EL CREYENTE DEBE MORIR CON CRISTO

Este es el propósito primario del plan de redención — que el creyente (el que cree o tiene fe) muere por medio de y con su representante, Jesucristo. La muerte de Cristo representa la muerte del creyente. Esto es requerido con el propósito de quitar el pecado. No debería sorprendernos encontrar que cristianos son representados en el Nuevo Testamento como aquellos quienes, en el pasado, murieron con Cristo. Por ejemplo:

”Si somos muertos con él, también viviremos con él” (2 Timoteo 2:11). Note que el cristiano es uno que ha muerto con Cristo, no para Cristo, o en Cristo, o por causa de Cristo, sino con Cristo. El creyente debe morir con Cristo, porque esa es la única manera que el precio judicial por el pecado puede ser pagado.

Todo el propósito de la venida de Cristo a la tierra para ser el Cordero de Dios era que los creyentes pudieran morir con Él, quitaran sus pecados y fueran reconciliados con un Dios Santo. Usted y yo debemos reconocer que esto es «una buena noticia» y estar dispuestos a aceptar el regalo maravilloso del Cordero de Dios.

También debe quedar claro que los creyentes no tienen ningún pecado perdonado a menos que hayan muerto al pecado, hayan muerto con Cristo; se hayan unido con Cristo en su muerte, y hayan sido crucificados con Cristo. 

ALGUNAS PREGUNTAS CONTESTADAS

¿Cuándo muero al pecado?

¿Cómo o cuándo muero con Cristo?

¿Cuándo me uno a Cristo en su muerte?

¿Cuándo Dios lo considera crucificado con Cristo?

Debemos conocer las respuestas Bíblicas a estas preguntas, no solo la opinión humana. Las respuestas a estas preguntas son la respuesta al único evangelio.

La respuesta a nuestras preguntas son claras y específicamente dadas en Romanos 6. Cristianos en Roma había desarrollado un concepto erróneo acerca de la gracia de Dios. Algunos aparentemente pensaban que una vez que habían quitado sus pecados y se convirtieron en cristianos, podrían entonces pecar todo lo que quisieran, y la gracia de Dios aumentaría aún más. Demos un vistazo a los versículos claves en Romanos 6, y preste especial atención a las preposiciones:

Los muertos al pecado

1¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

¡Imagine usted usando la gracia de Dios como Licencia para pecar! Primero, él les recuerda que ellos murieron al pecado. Una de nuestras preguntas: ―¿Cuándo muero al pecado? es respondida claramente en el versículo siguiente:

¿Cuándo muero al pecado?

3¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?

Aquí nuestra pregunta de “Cuándo y Cómo” es contestada clara y específicamente. Nosotros morimos al pecado cuando fuimos bautizados en Cristo—cuando fuimos bautizados en su muerte. Este es el propósito del bautismo. Es el acto de fe que nos pone en Cristo al ponernos en la muerte de Cristo— ¡todo el propósito de su obra en la tierra! Pablo les recordó que cuando murieron con Cristo, entraron en su muerte. Si pudiera entrar en la muerte de alguien, estaría muerto. ¿Por qué tengo que entrar «en la muerte de Cristo? Porque Cristo pagó el precio judicial por el pecado (la muerte) y tengo que pagar ese mismo precio muriendo con Él—siendo colocado en su muerte.

¿Cómo o cuándo muero con Cristo?

4Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

Dos verdades muy importantes aquí. La primera, cuando es bautizado en Cristo—cuando es bautizado en su muerte—es sepultado con Cristo en su muerte.

Segundo, el resultado es una ¡vida nueva! ¿Por qué? Porque cuando usted muere con Cristo, sus pecados son quitados. Esto es conocido en otro lugar como el “nuevo nacimiento” o convertirse en una “nueva criatura” (Juan 3.3; 2 Corintios 5.17) o como en Romanos 6 dice, recibimos “vida nueva.”

Siendo más precisos: ¿Cómo muero con Cristo? En el acto del bautismo

                                        ¿Cuándo muero con Cristo? En el momento del bautismo

¿Cuándo me uno a Cristo en su muerte?

5Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección.

Con precisión ¿cuándo está unido a Cristo en la semejanza de su muerte? Cuando es bautizado en Cristo y en su muerte, entonces se une con la muerte de Cristo para que sus pecados puedan ser quitados por el precio de su muerte.

¿Cuándo Dios lo considera crucificado con Cristo?

6sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.

Con precisión ¿cuándo Dios lo considera crucificado con Cristo? Cuando es bautizado en Cristo, es bautizado en su muerte. ¡Es como si estuviera en la cruz con Él, pagando el precio por sus pecados! El resultado es que “[su] nuestro cuerpo de pecado” es eliminado en este punto, mediante la unión con su muerte.

¿Cuándo muere el pecador?

7Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.

¿Cuándo muere el pecador? Cuando es bautizado en Cristo—cuando somos bautizados en su muerte. ¿Cuál es el resultado? Entonces usted y yo somos liberados del pecado, nuestros pecados son quitados, perdonados por el pago del precio judicial la muerte.

8Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; 9sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él.

¿Cuándo Dios le ve muriendo con Cristo? Cuando es bautizado en Cristo, cuando es bautizado en su muerte. No deje que la importancia de este versículo se le escape. Todo el propósito de la venida de Cristo a la tierra para ser el Cordero Sacrificial de Dios y pagar el precio judicial del pecado, para que usted pueda morir con Él, sus pecados sean quitados y sea reconciliado con un Dios Santo.

10Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. 11Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Así como Cristo «murió al pecado», literalmente muriendo y así pagó el precio judicial por el pecado, debemos también nos consideramos «muertos al pecado” muriendo con Cristo, así habiendo pagado el precio judicial por el pecado (1 Pedro 2.24). ¿Cuándo? ¿Cómo? Cuando somos bautizados en Cristo— cuando somos bautizados en su muerte.

12No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; 13ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. 14Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

Ahora que ha muerto con Cristo y sus pecados fueron quitados, debe tener una actitud diferente hacia el pecado. Un padre que encuentra a uno de sus hijos jugando en el barro, lo enjuaga, le trae adentro, le da un baño, le viste con ropa limpia, y luego le dice con severidad, ―¡No te ensucies de nuevo!» Del mismo modo, Pablo dice a los que han salido de la suciedad del mundo y han sido limpiados por la sangre de Cristo: no se arrastren de nuevo en el barro—―¡No se vayan a ensuciar de nuevo! Recordando a los romanos lo que Cristo había hecho por ellos cuando fueron bautizados en Cristo y en su muerte, deberían entender que ya no deberían querer más el pecado o ser esclavos del pecado. Esta es la idea del arrepentimiento—que un cristiano debe tener un cambio de actitud hacia el pecado. El arrepentimiento tiene un papel importante en el plan de la redención. Sin arrepentimiento, el bautismo sería inútil. En lugar de pecar más tenemos que hacer todo lo contrario, y dejar de practicar el pecado (1 Juan 3.4–9).

17Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados.

Aquí les recordó que fue por fe (acción = «obediencia» mas creer = «del corazón») que fueron salvos. El bautismo no tiene ningún poder derivado del agua, la superstición, o en las obras meritorias. Su poder se deriva exclusivamente de la fe de los participantes. El pecador aprende de la obra de Cristo para quitar el pecado, lo cree, y ahora participa en la muerte de Cristo para que sus pecados sean removidos. Nuestros corazones son limpiados por la fe cuando somos bautizados.

22Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

Como resultado fueron liberados del pecado, y sus pecados quitados. Como resultado de haber sido bautizados en Cristo y en su muerte y de tener sus pecados quitados se hicieron santos, santificados. Como en 1 Corintios 6.11 dice: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” La santificación resulta en justificación (el precio de la muerte se paga y es eliminado) lo cual nos reconcilia con un Dios Santo.

23Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Después de esta gran explicación de lo que experimentamos al aceptar la gracia de Dios cuando somos bautizados en Cristo, se les recuerda a los romanos que se trataba de un don gratuito de Dios. Ser bautizados en Cristo y en su muerte no los hacía merecedores de la gracia o la misericordia de Dios, sólo habían aceptado el poder limpiador de la muerte de Cristo por la fe como un regalo.

El bautismo es el punto en que sus pecados son limpiados por la fe en la sangre de Cristo—donde muere con Cristo. Como tal, el bautismo es cuando usted se une con la muerte de Cristo por la fe y, como resultado, este es el momento en que sus pecados son quitados y es santificado, justificado, y hecho justo (1 Corintios 6.11) delante de Dios.

¡Levántate¡ Pon tu fe en Jesucristo, arrepiéntete de tus pecados, confiesa que Jesucristo es tu único Señor, muere con Cristo en el bautismo y resucita para una vida nueva.

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