APOLOGETICA,  PECADO

¿Cuál es el origen de la maldad?

La creación original fue «muy buena» (Génesis 1:31). No había pecado, no existía la maldad, no había sufrimiento ni muerte. Hoy, en cambio, el mundo está sumido en el pecado, la maldad, el sufrimiento y la muerte. ¿Cómo se llegó a este estado? Las Escrituras enseñan que el descenso comenzó cuando Adán y Eva se aprovecharon del libre albedrío que Dios les había dado y le desobedecieron (Génesis 3).

Algunas personas se preguntan por qué Dios no podría haber creado al ser humano de manera tal que nunca hubiera podido pecar, no dando cabida así a la maldad. El hecho es que dicho escenario implicaría que no fuéramos verdaderamente humanos. No tendríamos la capacidad para tomar decisiones ni para amar libremente. Este escenario hubiera requerido la creación de robots capaces de actuar sólo conforme a lo que estaban programados, como esas muñecas que hablan cuando halamos una cuerda y dicen: «Te amo»[1] Paul Little señala que con dicha muñeca «no habría insultos, jamás habría conflictos, ¡nadie diría ni haría nada que pudiera entristecerte! Pero, ¿quién querría vivir en ese estado? Tampoco existiría la posibilidad del amor. El amor es voluntario. Dios podría habemos hecho como robots, pero habríamos dejado de ser hombres. Aparentemente pensó que valía la pena correr el riesgo de creamos como nos creó».[2]

El amor no puede programarse; debe expresarse libremente. Dios quería que Adán y toda la humanidad mostraran amor eligiendo libremente la obediencia. Por eso, Dios le dio a Adán y a todos los demás seres humanos el libre albedrío. Geisler tiene razón cuando dice que «el amor forzado es una violación; y Dios no es un violador divino. No hará nada que coaccione las decisiones de los hombres»[3]. Una elección libre, sin embargo, deja abierta la posibilidad de una elección errónea. Como lo expresa J.B. Phillips: «La maldad es algo inherente al riesgo implícito en el don del libre albedrío»[4].

En vista de los hechos bíblicos, podemos concluir que el plan de Dios tenía el potencial para la maldad cuando concedió la libertad de elección a los seres humanos, pero que el origen concreto de la maldad fue resultado de un hombre que se apartó de la voluntad de Dios y prefirió concentrarse en sus propios deseos egoístas.[5] Norman Geisler y Jeff Amanu, señalan: «Mientras que Dios creó el hecho de la libertad, son los humanos los que ejercen los actos de la libertad. Dios hizo posible el mal, las criaturas lo hicieron efectivo»[6]. Desde que Adán y Eva hicieron efectiva la maldad, aquella primera vez en el Jardín de Edén, la naturaleza del pecado se ha transmitido a todo hombre y mujer (d. Romanos 5:12; 1 Corintios 15:22), y es debido a la naturaleza pecaminosa que hoy continuamos ejerciendo nuestro libre albedrío para hacer efectiva la maldad (d. Marcos 7:20-23).

Es más, los males naturales, como los terremotos, los tornados y las inundaciones, radican en el mal uso que damos a nuestro libre albedrío. No debemos olvidar que como vivimos en un mundo caído, estamos sujetos a desastres de la naturaleza que no habrían ocurrido si el hombre no se hubiera rebelado contra Dios en un principio (cf. Romanos 8:20- 22).[7] En el Jardín de Edén no había ni desastres naturales ni muerte hasta después del pecado de Adán y Eva (d. Génesis 1-3). No habrá desastres naturales ni muerte en el cielo nuevo y la tierra nueva, cuando Dios, de una vez por todas, ponga fin a la maldad (d. Apocalipsis 21:4).[8]

Extraído de “¿Quién creó a Dios?” de RAVI ZACHARIAS y NORMAN GEISLER

[1] Paul E. Utde, Know Why You Believe [Sepa por qué cree], InterVarsity Press, Downers Grove, IL, EE.UU., 1975, p. 81.

[2] Ibid, p. 81.

[3] Norman L. Geisler y Ronald M. Brooks, When Skeptics Ask [Cuando los escépticos preguntan], Victor, Wheaton, IL, EE.UU., 1990, p. 73.

[4] Paul E. Utde, Know Why You Believe [Sepa por qué cree], InterVarsity Press, Downers Grove, IL, EE.UU., 1975, p. 87

[5] Ken Boa y Larry Moody, I’m Glad You Asked [Qué bien que hayas preguntado], Victor, Colorado Springs, Co, EE.UU., 1994, p. 131.

[6] Norman L. Geisler y Jeff Amanu, Evil, New Dictionary of Theology [La maldad, Nuevo Diccionario de teología], ed., Sinclair B. Ferguson y David E Wright, InterVarsity Press, Downers Grove, IL, EE.UU., p. 242.

[7] Rick Rood, «The Problem of Evil: How Can a Good God Allow Evil?» [El problema de la maldad: ¿Por qué un Dios bueno permite la maldad?], 1996, sitio intemet de Ministerios Probe: www.probe.org

[8] Ken Boa y Larry Moody, I’m Glad You Asked [Qué bien que hayas preguntado], Victor, Colorado Springs, Co, EE.UU., 1994, p. 133.

 

Descargar PDF

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *